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04 julio 2011

New York State y Boston

Buenos dias por la noche:
Muchos días han pasado desde la última entrada. Podríamos disculparnos, pero no vamos a hacerlo. En su lugar vamos a contaros en qué se nos ha ido el tiempo.
Esta será una entrada peculiar porque por primera vez no hablaremos de un único sitio sino que haremos un remix en el que hablaremos de casi una semana entera.
Primero NYC 2.0. Nos habíamos quedado contándoos que nos habíamos mudado a un albergue cutrecillo. Ahora que ha pasado el tiempo y podemos ver las cosas con perspectiva hemos decidido modificar nuestra opinión: no era cutrecillo sino... suupercutre. Podría entrar en el top five de albergues cutres en los que hemos estado siguiendo a Rotterdam y Praga, que dejaron el listón demasiado alto... o bajo, según cómo se mire.
¿Y por qué es tan cutre? Os preguntaréis, queridos aunque improbables lectores. Pues empezando porque tenía una cocina tamaño armario empotrado que, si ya era de por sí pequeña, se veía aún más reducida por la presencia de LOS HABITANTES, esos seres que poblaban el albergue y trabajaban en él a cambio de alojamiento en lugar de a cambio de un sueldo. Se comportaban como si estuvieran en su casa porque, de hecho, lo estaban, haciendo que nos sintiéramos como intrusos que no podían ocupar ninguno de los pocos sitios existentes y ya reservados.
Continuemos por los baños: ¿os resulta familiar la sensación de que si mientras te duchas rozas la pared o la cortina vas a salir con tres brazos?¿de que vas a salir de la ducha con más mugre de la que tenías al entrar? ¿de que el moho de las cortinas está tan desarrollado que te saluda al entrar? Pues estos baños eran de esos.
Nota a familiares y amigos: no se han producido mutaciones genéticas y no tenemos más deformidades de las habituales. Al menos no las teníamos hasta LA NOCHE EN EL CAMPING, pero eso viene después.
Para cerrar el círculo de alegrías en NYC buscamos en internet sitios para salir que no fuesen muy caros y encontramos uno que tenía barra libre durante una hora todos los viernes si nos apuntábamos mandado un mail con nuestro nombre esa misma tarde. Lo hicimos y por la noche nos arreglamos un poquito y cogimos el metro hacia allá. En lugar del bar había un edifico de apartamentos donde parecía que nunca había habido un bar. Nada más que añadir.
A cambio, para amortizar nuestros billetes de metro (en serio, ¿qué les pasa? ¿por qué cobran más de 2 $ por un billete?), encontramos una zona bastante guay llena de bares no caros con happy hour que duraba horas y horas (a veces incluso hasta las 2 de la madrugada): 2nd Avenue de St Mark's St hacia el sur. St Mark's St (entre 3rd y 2nd Av) estaba llena de sitios para salir y comer bastante barato y habá un bar irlandés, Dempsey's, en 2nd Avenue entre las calles 3 y 4, que estaba muy bien, así que allí nos tomamos unas cervezas, que si bien no eran de barra libre gratuita estaban bien de precio las acompañamos de conversación con Paul, el puerta irlandés del bar irlandés.
Hablando de recomendaciones, tenemos una más aunque no tiene mucho que ver con esto: el puestecito de comida de Sam's Falafel, justo al lado de Wall St. y la Trinity Church, en una plaza llena de puestos de comida, que tiene un falafel de muerte y nada caro. La prueba es que mientras todos los demás puestos estaban vacíos, este estaba lleno de neoyorquinos trajeados esperando para comer aquí.
En NYC hicimos un descubrimiento, y es que en el Subway (la tienda de bocatas que existe también en España) hay cada mes un bocata del mes por 5 $ con el que comen dos personas, porque es bastante grande, mientras que comer bocatas individuales cuesta bastante más y tienen el mismo tamaño.
Cambiando de tercio, mientras estábamos en NYC se legalizó en el estado de Nueva York el matrimonio homosexual, así que es el sexto estado que lo legaliza en el país.
Intentamos ir al desfile del orgullo, pero en NYC fue el finde posterior a que nos fuésemos y en Boston, nuestras siguiente parada, había sido el anterior a que llegásemos.
Hablemos de Boston, pues. Nos hemos llevado una grata sorpresa, aunque al llegar teníamos una sensación bastante agridulce.
Por un lado llovía bastante y las calles de Boston están mal hechas. Y no diferente, sino mal. Se llenan de charcos enseguida y circulando por ellas con maleta teníamos la sensación de estar intentando cruzar el río Charles. Sin embargo, nos vimos obligados en dos ocasiones a pedir indicaciones sobre cómo llegar al albergue y en ambos casos los bostonianos se pararon amablemente bajo la lluvia y no dudaron en sacar sus iphones y buscar en el mapa hasta que nos había quedado bien claro por dónde era.
El albergue (el de Hostelling International), relativamente céntrico, estaba bastante decente, con las únicas pegas de que la conexión a internet era inexistente y se negó a funcionar hasta el último día y de que nos separaron porque en teoría no había habitaciones mixtas y nos encontramos con que ambos estábamos en habitaciones mixtas separadas.
Boston es una ciudad que, a pesar de no tener ningún monumento de visita imprescindible, resulta la mar de agradable (además es andable, no es necesario coger el coche ni el transporte público para ir de un lado a otro).
Como curiosidad, tiene una ruta por los principales puntos de interés de la ciudad, el Freedom Trail, que no requiere un mapa, puesto que hay una doble línea de ladrillos rojos integrada en el suelo que te lleva, cual Dorothy con el camino de baldosas amarillas, de visita por la ciudad donde empezó la revolución americana.
Punto imprescindible: Quincy Market, un antiguo mercado (Parte del Freedom Trail) ahorea repleto de sitios en los que comprar comida de todos lados del mundo para comérsela en las mesitas instaladas en el segundo piso. Os precios sin aceptables y se puede encontrar desde langosta hasta pizza pasando por comida asiática, mexicana, etc. Además, siguiendo la callecita en la que el McDonald's de Quincy Market hace esquina se puede encontrar una decena de bares con precios más que aceptables para las pintas (entre 2 y 3 $).
Recomendación culinaria de Boston: los cannoli de Mike's Pastry. Esá en la calle principal del North End (que es como se llama aquí a Litte Italy) y podréis empezar a preguntaros por qué es tan famoso según lleguéis a la ciudad, puesto que empezaréis a ver a gente con cajas de Mike's Patry por todos lados y colas kilométricas que avanzan muy rápido cuando os acerquéis. Tienen cannoli de todo tipo (y cuando decimos todo queremos decir todo...excepto quizás de fabada y alguna cosilla más).
En Boston también nos dimos un paseíto por Harvard y la MIT, donde, por cierto, fuimos los más friquis del universo buscando el despacho de Noam Chomsky. No lo conseguimos pero en su lugar descubrimos el club de Quidditch de la MIT, que no solamente tiene trivial de Harry Potter con premios para la casa que más puntos tenga, sino que además tiene entrenamientos semanales de Quidditch. Cabe mencionar, para aquellos que lo desconozcan, que la MIT destaca por concentrar a los mayores genios en ciencias y tecnología de Estados Unidos y posiblmente del mundo (entre ellos el inventor de la sopa Campbell's). Insistimos, genios jugando al quidditch, lo cual requiere escobas voladoras y pelotas con vida propia.
En Harvard, quisimos estar a la altura del nivel intelectual, así que dedicamos un buen rato a jugar al chinchón en el césped mientras alucinábamos con las residencias, facultades y bibliotecas.
El día siguiente, 28 de junio, marcó un antes y un después en nuestro viaje: conocimos a Chuso y desde entonces somos inseparables. Chuso, abreviatura de Massachuso, es un Hyundai Accent blanquito y su nombre viene de su lugar de matriculación, Massachusetts. Es un poco presumido y asmático (se ahoga un poquito en las cuestas), pero es muy apropiado para este viaje ya que en la matrícula pone “The Spirit of America” y tiene un maletero descomunal en el que cabe todo sin problemas.
Salimos de Boston para dar una vueltecita por Salem, la ciudad de la caza de brujas, pero para cuando conseguimos aparcar ya nos había decepcionado tanto que decidimos seguir el camino hacia Galway, NY., donde nos esperaba la familia americana de Nuria (y decir familia no es exagerado, puesto que, como de costumbre, nos han tratado como si fuésemos realmente sus hijos).
Cambiando el plan inicial, que era dormir una noche allí e irnos a Nueva Inglaterra al día siguiente, decidimos quedarnos allí varios días disfrutando de la vida en familia en el campo y no podríamos estar más contentos con nuestro cambio de plan. Nunca van a ser suficientes las gracias que les demos por cómo nos han tratado y esperamos que vayan de visita a España pronto para tener a oportunidad de hacer lo propio.
Sugerencias culinarias: el restaurante Raindancer, el desayuno typical American preparado por Barb, los filetes y la white gravy de Rod, absolutamente TODO lo que alga del huerto de esa casa (menos la serpiente que nos persiguió) si hubiéramos estado mas días posiblemente todo lo qu nos hubieran preparado.
Aprovechamos para desearle buen viaje a Barb (que se muda a Colorado), para decirle a Joy que si quiere le mandamos la receta del salmorejo y para decirles a Becca y Rod que queremos fotos del caballo nuevo.
Los campings y el cruce de la frontera a Canadá, en la próxima entrada, amigos. Os dejamos para dar nuestra primera vuelta por la ciudad de Quebec.


(Miguel a punto de ser atropellado)

(Suculentas cupcakes en Quincy Market)


(Quincy Market desde fuera)


(Nuria con bigote)


(Vista de Boston desde la MIT, en Cambridge)


(Barb, Nuria y Becca en el Raindancer)


(Rod y Bailey)


(Becca delante del establo de su casa)


(Miguel, Nuria, Becca, Bailey, Rod y Yankee)

28 junio 2011

New York, New York

Nota de los viajeros: esta entrada se escribió hace varios días, pero debido al timo que ha resultado ser el albergue de Boston (donde no ha funcionado Internet hasta hoy) no hemos podido publicarla antes. Sentimos las molestias y monos que haya podido generar no haber podido leer entradas nuevas de nuestro blog durante los últimos días.
Mañana coche y visita a la familia americana de Nuria.

En esta nuestra cuarta noche en NYC nos dignamos por fin a contaros lo que hemos estado haciendo estos últimos días.

Las tres primeras noches hemos estado en el Carter Hotel, en Times Square (no cerca ni en la zona, sino en Times Square). El hotel es un poco decadente y parece sacado de película de acción de persecuciones por los interminables pasillos, sábanas viejunillas y suelo enmoquetado. Aun así merece la pena alojarse allí por lo que cuesta la noche teniendo en cuenta dónde está situado. Eso sí, que nadie se espere cambios de sábanas/toallas diarios (ni cada dos ni tres días) ni servicio de habitaciones, ni espejo en el lavabo (¡!¡!¡!).
En este caso, como son muchos días y la ciudad es bastante más conocida no vamos a limitarnos a contar lo que hemos hecho en NYC sino cosas curiosas que nos hayan pasado por aquí.
¿Conocéis la fama que tienen los neoyorquinos de comer siempre fuera? (Carrie Bradshaw, por ejemplo, tiene una cocina en la que confiesa no haber cocinado jamás). Pues es cierta y tiene una razón: comprar comida en el supermercado es más caro que comer fuera (paquete de pan de molde y fiambre, 8 $; comer fuera, unos 5 $). Y eso sucede desde los puestos mañaneros de café y bagels hasta los nocturnos con comida de todos lados del mundo pasando por los mil y un McDonald's, Subways y un larguísimo etcétera.
Como consecuencia resulta casi imposible cruzarse con un neoyorquino que no lleve en la mano un café/batido/helado/bocata/bagel/bollo/bolsa de papel con comida dentro.
Otra curiosidad es la expansión china por NYC: ya no sólo Chinatown es Chinatown, ahora también Little Italy, Nolita, el Soho y Tribeca son Chinatown y de los barrios originales quedan los carteles y el ambiente de tiendecitas de barrio en calles estrechas.
Por cierto, los nombres de los barrios, para quien no lo sepa, tienen un origen curioso: SoHo es South of Houston St., Nolita es North of Little Italy y Tribeca es Triangle Below Canal St..
Ayer hicimos una tímida incursión en Brooklyn: cruzamos el puente, dimos un paseo no muy lejos de él, compramos comida en un supermercado no tan carísimo como el resto y comimos en Brooklyn Bridge Park.
Pensábamos comer en un parque que a primera vista parecía agradable. Y decimos a primera vista porque después te dabas cuenta de que estaba rodeado de cámaras de la policía debidamente anunciadas, había varios polis apostados en la puerta de distintos negocios y la gente parecía chunga cuando la mirabas un poco más a fondo. Así que decidimos irnos a comer a Brooklyn Bridge Park, un parquecito muy agradable a orillas del Hudson con vistas a Manhattan y el puente de Brooklyn, con niños metiendo los pies en el agua, parejas de chinos recién casados haciéndose unas fotos en absoluto forzadas y familias de judíos ortodoxos negándose a quitarles los leotardos a sus hijas para que metiesen los pies en el agua (y ellas metiéndolos igualmente).
Como curiosidad, en NYC los McDonald's y Starbucks tienen wifi sin contraseña que se puede utilizar a bastante distancia del sitio en sí. Además, también hay wifi en plazas y parques públicos como Times Square.
Por último, un par de recomendaciones culinarias para los que penséis visitar NYC próximamente:
  • Eileen's, en 17 Cleveland Place, en Kenmare St. con Centre St. (Little Italy), tiene la mejor tarta de queso (y todas sus variantes) de la ciudad y más barata que muchos otros sitios. Eso sí, no tiene baño ni muchas mesas para sentarse, es un sitio minúsculo y no muy fácil de encontrar.
  • Big Daddy's, un dine americano de los típicos de toda la vida pero con un poquito más de estilo. Hamburguesas, sandwiches, mac and cheese y batidos (el mejor de todos, el de Oreo). Las hamburguesas también son muy destacables.
  • Los puestos de comida callejeros tienen unos precios muy cambiantes, conviene darse una vuelta antes de decantarse por uno porque el precio puede variar considerablemente de un puesto al de la acera de enfrente.

Hoy nos hemos mudado a un albergue un tanto extraño en el Upper East Side, así que contaremos más en la próxima entrada.

(El Flatiron Building)


(El puente de Brooklyn)



(Manhattan desde el Brooklyn Bridge Park)




(Lo que en invierno es la pista de patinaje sobre hielo del Rockefeller Center)


 (Primicia mundial: Darth Vader descubierto patinando muy agarradito a la Princesa Leia)

23 junio 2011

Wa-shing-ton (DC)

El día en DC ha sido mortalmente agotador. Hemos de admitir que nos ha faltado un día para ver la ciudad con tranquilidad y para poder ir más allá de Washington como capital para descubrir un poco más Washington como ciudad.
Hemos comenzado el día en el US Memorial Holocaust Museum, el afamado museo del holocausto de Washington, con una exposición muy bien montada sobre la propaganda nazi. Tenía paredes que simulaban paredes de ladrillo y columnas que imitaban las de una ciudad real que estaban plagadas de carteles que imitaban algunos anuncios propagandísticos del partido nacionalsocialista. Además, había partes interactivas con pantallas táctiles en las que se podían elegir vídeos documentales, tanto antiguos como modernos, acerca del movimiento propagandístico nazi.
Por lo demás, un poco decepcionante (sin contar con que la exposición en sí era un poco propagandística con un pie en la Alemania nazi y el otro en la realidad actual de Israel).
Después del museo llegó el atracón de monumentos históricos del National Mall: los edificios del Smithsonian (un montón de museos gratuitos de gran reputación, aunque no entramos en ninguno por falta de tiempo), el Capitolio (que alberga el Senado y el Congreso y donde había, como cada Día del Padre estadounidense, una protesta en favor de la custodia compartida y los derechos de los padres), las bibliotecas del Congreso, el Tribunal Supremo, las oficinas del Congreso y del Senado, el obelisco en honor a Washington, la Tidal Basin (un laguito) con el memorial de Roosevelt, el memorial de la Segunda Guerra Mundial (un buen lugar para refrescarse los pies en la fuentecilla) y finalmente el memorial de Lincoln, frente al cual, entre otras cosas, Martin Luther King Jr. pronunció su famoso discurso de “I have a dream...”.
¿Os suena la piscina gigante que hay entre el obelisco y el memorial de Lincoln? ¿Esa en la que Jenny se mete vestida de hippy gritando “Forrest! Forrest!” cuando Forrest Gump está hablando ante miles de personas sobre Vietnam? Pues ya no está, ahora es un compendio de barro y excavadoras. Y no muy agradable para la vista precisamente.
Después de la maratón de monumentos y edificios gubernamentales, para cambiar de tercio, nos dirigimos a la para nada gubernamental casa blanca, donde Obama nos recibió con té, unas pastitas y francotiradores en el tejado.
La verdad es que la casa blanca es más pequeña de lo que parece. Da la impresión de que al pobre Obama, primer presidente negro del país, no le cabe allí ni la... famosa mesa oval.
Frente a la Casa Blanca se concentraban, además de un gran número de turistas, grupúsculos de manifestantes entre los que estaban una acampada antinuclear formada por un único señor que aparentemente lleva allí desde 1982 (y su barba lo confirma), una asiática que cantaba pasajes de la biblia con un megáfono entre carteles de “Obama fascista” y banderas de Israel, un grupo de Bangladesh pidiendo democracia y un único señor con unas 15 pancartas distintas que abarcaban todos los temas imaginables desde Bin Laden al vegetarianismo pasando por el matrimonio gay y el software libre.
Y por fin llegó nuestra primera parada de verdad en todo el día: la cena de las seis de la tarde. Ya que el día iba de monumentos americanos y dado que los precios de la capital invitan al ayuno, decidimos homenajear al payaso más famoso del mundo (con el permiso de Miliki) y comernos un económico Big Mac.
Después de recorrer la avenida de las embajadas llegamos a Dupont Circle, un barrio muy cool lleno de bares, restaurantes, librerías, cafeterías y gente, donde dimos una vuelta antes de dirigirnos otra vez al National Mall para ver los monumentos iluminados de noche.
Finalmente llegamos al albergue, cuyas paredes estaban cubiertas de amenazas en forma de carteles que advertían de las multas correspondientes a todos los comportamientos inadecuados (es decir, todos excepto comer, dormir, ducharse y andar descalzo por el albergue).
Al día siguiente, entre lluvia y carreras, cogimos el bus que nos llevaría a Nueva York, pero esa es otra historia.
(El obelisco de Washington iluminado por la noche)




(Uno de los edificios del Smithsonian)


(Miguel delante del Capitolio)



(Miguel pronunciando su primer discurso delante del Capitolio)


(Imagen de lo que hay ahora en lugar de la piscina del obelisco)


(Nuria y Lincoln)


 (Miguel gritándole a la Casa Blanca)

Megabus megaguay

Buenas noches por la tarde:
Estamos escribiendo esta entrada desde un autobús megaguay de megabus que tiene megawifi, de camino a Washington, DC, la capital del país más poderoso del mundo (hasta que China quiera).

(Nuria escribiendo en el megabus megaguay)

(Vista de Filadelfia desde del Museo de Bellas Artes)

Estos días han sido muy intensos, hemos visto Filadelfia al completo, pero ya casi hemos vencido al jet lag que nos acechaba por la noches/mañanas.
(Miguel a punto de comer galletas de algas de Chinatown)

(Filadelfia desde U Penn)


(Nuria chupando la Campana de la Libertad)

Ayer anduvimos hasta U Penn, la University of Pennsylvania, una universidad de la Ivy League (de las chachis de Estados Unidos tipo Harvard, Yale, Brown y demás) que turísticamente deja indiferente porque no tiene ambiente de campus en absoluto, es simplemente una parte más de la ciudad en la que los edificios solamente se diferencian por tener nombre de facultad.
Camino de la universidad, sin embargo, tuvimos la oportunidad de vivir un hecho insólito: nos refugiamos de a lluvia bajo un toldo cualquiera de South St. hasta que vimos que ya no caía agua. Fue entonces cuando, al retomar nuestro camino, empezamos a mosquearnos porque la lluvia sonaba pero no nos mojaba. Tras exhaustivas investigaciones y numerosas consultas con el FBI y la CIA, concluimos que en la acera de la izquierda de la calle no llovía, mientras que en la de enfrente seguía lloviendo, el suelo seguía mojándose y la gente llevaba paraguas. Insistimos: no es que en un extremo de la calle lloviese y en el otro no, es que en una acera llovía y en la de enfrente gozábamos alegres, contentos y sequitos.
El resto del día fue, entre lluvias y claros, más o menos normal: continuamos la visita por la paradójica ciudad del amor filial (Phil-adelphia) en la que sin aparente orden se mezclan rascacielos de cristal de 60 pisos que nada tienen que envidiar a los de la gran manzana con edificios de pisos con decadente estilo brooklyniano de ladrillo visto y con casitas bajas de la alta sociedad y zonas ajardinadas.
Dimos una vuelta por el financial district, chupamos la liberty bell en homenaje al gran héroe contemporáneo Barney Stinson y viajamos atrás en el tiempo para escuchar a los pilgrim fathers (y mother) leyendo a viva voz a declaración de independencia.
(Miguel comiéndose su cupcake de cumpleaños)

De regreso al albergue Nuria realizó su primera entrada en boxes (véase Sephora) y alucinó en colores (en un montón de colores, de hecho) con la diferencia de precios y cantidad de marcas entre España y Estados Unidos. Aquí es necesaria una mención especial a mamiNu, que habría disfrutado como una enana paseándose con Nuria por los pasillos llenos de colorines y olorines.
Dado que a Miguel se le debía una tarta de cumple, fue necesario que nos comiéramos una cupcake de limón y fresa con la que nos relamimos durante horas incluso después de meternos entre pecho y espalda el famoso cheesesteak de Filadelfia (un bocata en pan de perrito de ternera con queso, cebolla, mostaza y ketchup... Básicamente un pepito de ternera a la americana).
Para finalizar el día, nos unimos a la movie night del albergue viendo Hall Pass (no está mal, aunque es un poco asquerosita) con free beers por cuenta del albergue.
Veremos qué nos depara DC (Wa-shing-ton, como dirían en China).
PD. Hemos añadido una pestaña con el nombre de “Viaje” en la que se explica el plan general para los dos meses así como fotos en las entradas anteriores y etiquetas para que sea más fácil encontrar las entradas en función del tema que se trata en ellas.

17 junio 2011

¡Fili!

Como lo prometido es deuda, aquí estamos escribiendo desde Filadelfia.
Lo primero de todo, e necesario decir que creo que mis (de Nuria) muelas del juicio me consideran culpables, porque me han condenado a morir lenta y dolorosamente. Una vez dicho esto, vamos a lo interesante de verdad.
La marcha empezó ya antes de salir de Barajas: el ESTA (registro en la web del gobierno estadounidense para avisar de que vas a ir y que ellos lo acepten) de Miguel daba problemas que resultaron ser que había puesto una letra de sobra en el pasaporte (que en teoría no estaba mal, pero las máquinas del aeropuerto no lo daban por bueno) hubo que ir al mostrador de Viajes El Corte Inglés y hacerlo de nuevo, con el pago de los 24$ otra vez incluido y con la espera de unos 20 minutos subiéndonos por las paredes por si el gobierno e EEUU no lo aceptaba en el momento y no podíamos volar también incluido.
Como podéis inferir sin mucho problema, todo se solucionó al final.
Salimos de Madrid con casi una hora de retraso y en el avión nos sentaron al lado de unos estadounidenses que venían de hacer el camino de Santiago. Directos. Sin pasar por la ducha. Ocho horas. Nada más que añadir al respecto. Por lo demás el vuelo normal: fresquito y con una cantidad ingente de comidas que destrozan los biorritmos de cualquiera para que ese cualquiera no siga con el cuerpo acostumbrado a las comiditas de mamá a las horas españolas.
El control del aeropuerto pasó sin pena ni gloria, cada uno con un federal diferente, pero los dos se extrañaron del poco dinero que llevábamos para dos meses y nos preguntaron si llevábamos tarjeta de crédito para emergencias... Si en el fondo son majos...
Cogimos el tren a la ciudad y después de media horita llegamos a nuestra parada, anduvimos diez minutos (en los que nos dio tiempo a descubrir que el bus que tenemos que coger para Washington sale de al lado del albergue y eso mola mucho).
El albergue es muy moderniqui, limpio, céntrico y chachi en general. Estamos en una habitación para parejas. Suena raro, pero es una habitación en la que hay grupos mixtos, parejas y chicas solas, pero no puede haber chicos solos. Es muy grande y estamos casi solos. Además, tiene baño de chicas que está normalmente vacío, así que todo es muy tranquilito. El único fallo es que debe de tener termostato y el aire acondicionado se enciende a ratos por la noche y hace un ruido infernal.
Por lo demás es destacable la hiperlimpieza, lo guay que es la cocina y que todo el mundo friega sus platos (de Ikea) con el detergente rosa subrayador que está en boted guays de diseño de Ikea, seca los platos con paños de Ikea y come en mesas de Ikea, bebe en vasos de Ikea y duerme en camas de Ikea, con colchones y almohadas de Ikea. Las paredes son verdes y naranjas o de ladrillo visto, con cuadros y trocitos de espejo haciedo formas. En fin, que es un lujo de albergue. Y tiene actividades: ayer cena gratis y hoy copas gratis y luego todos se han ido de bares juntos con gente que trabaja en el albergue (los jetlagosos no podíamos con nuestra alma y hemos decidido limitarnos a las copas).
Nada más llegar al albergue conocimos a un chico y una chica españoles, muy majos, que hoy se han ido a Nueva Jersey para trabajar allí durante cuatro meses en un parque de atracciones, y justo después de conocerlos tuve una pelea con mi maleta y ella ganó, así que acabé en el suelo de las escaleras con uno de los dos pantalones largos que tengo para dos meses roto y una herida un poco fea y un poco profunda en la rodilla. Nada grave, creo que no voy a morir. Al menos no ahora y al menos no por esto.
Hoy hemos dado una vueltecilla hasta bastante lejos del albergue, hemos visto un montón de cosas y hemos ido a Chinatown, que tiene una puerta china muy chula que ya veréis cuando no muera de cansancio y pasemos las fotos al ordenador.
Hemos estado en supermercados chinos en los que no te sacan los ojos y todo lo que te dejes sacar, como en el resto de supermercados de Filadelfia, y hemos comprado galletas de algas que me recuerdan mucho a las de Cris de Toronto, sol que están rellenas como de una pasta de algas y arroz. Están mmmmmm. También veréis fotos.
De momento y sin fotos eso es todo.
(Miguel subiendo las escaleras del Museo de Bellas Artes cual Rocky)


(Lectura de la Carta de Derechos)




(Chicles de muñequitos en Chinatown)




(Ayuntamiento de Filadelfia)


Tendréis más noticias en breve, aunque probablemente esperemos a no morir de jetlag y de pies antes de volver a escribir (o sea, que le echéis un par de días).