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24 julio 2011

El viaje eterno

Nota: publicamos varias entradas a la vez.

El día 16 de julio por la mañana iniciamos lo que venimos denominando desde el principio de los tiempos “el viaje eterno”, a pesar de algunas objeciones maternas. Dicho viaje consta de unas 40 horas de conducción repartidas en 6 días para llegar desde Chicago a Vancouver, en en oeste canadiense. Durante este viaje casi no hemos tenido acceso a Internet, por lo que, como habréis podido comprobar, no hemos escrito nada.
El primer día paramos en Madison (Wisconsisn), sede de la Universidad de Wisconsin, del capitolio más grande del país después del de Washington DC y declarada la ciudad más ciclable, andable y verde del país. Sin embargo, el calor y la hora a la que llegamos hicieron que nos encontrásemos con una ciudad desierta y decidimos no detenernos demasiado.
Hicimos noche en el Woodville Motel, un motel realmente agradable, nada caro y recientemente reformado en un pequeño pueblo de Wisconsin, Woodville, en el que pudimos empezar a comprobar el cambio de carácter de los americanos al adentrarse en la zona rural. Si en las ciudades del este los turistas son invisibles a los ojos de los locales y por lo general tratados con frialdad cuando no con malos modos, a partir de este punto no nos hemos encontrado más que con unas sonrisas y una amabilidad sólo superadas a lo largo de este viaje por la familia neoyorquina de Nuria.
Otra cosa que empezamos a comprobar es la cantidad ingente de ciervos que habita en esta zona y el gusto que tienen estos animalejos por cruzar las autovías cuando uno menos se los espera, y sin chaleco reflectante ni nada. Este factor ha aumentado nuestro tiempo al volante, puesto que unos salvapajarillos y abraza-árboles como nosotros no se pueden permitir atropellar cervatillos y tienen que disminuir su velocidad hasta niveles insospechados para lo rectas que son las carreteras.
Es noche nos permitimos el lujo de cenar y tomar algo en el bar del pueblo, una casita de madera en medio de la carretera con excelente música country en directo y medio pueblo pueblo bebiendo cerveza en su interior.
Al día siguiente visitamos la ciudad de Minneapolis (Minnesota), a la que a partir de ahora denominaremos “las calderas del infierno”. En ningún momento de nuestros 45 años de vida (entre los dos) habíamos pasado tantísimo calor. De hecho, las gafas de Nuria se empañaban al salir de los edificios al igual que en invierno se empañan al entrar en sitios con calefacción. True story. Parece ser que a nuestro viaje eterno se unió una ola de calor húmedo como nadie recordaba en la zona.
Minneapolis es una de las dos grandes ciudades de Minnesota junto a St.
Según diversos estudios, los habitantes de Minnesota son la gente más amable del mundo y nosotros pudimos comprobarlo.
Salimos del coche con la sensación de que no podía hacer más calor y no podía haber menos gente en la calle, pero enseguida nos dimos cuenta de que la ciudad entera estaba en el partido de baseball. La ciudad entera menos las decenas de personas que revendían entradas para el partido por todo el centro de la ciudad. Uno de ellos nos vio con cara de turistas y, después de comprobar que nos nos interesaba comprar entradas, sacó su amabilidad de Minnesota de lo más profundo de su ser y nos regaló dos entradas de primera categoría de unos 150 dólares. Dijo que era una experiencia americana que había que vivir y a cambio sólo nos pidió que hablásemos bien de su país, así que desde aquí: gracias, señor majo que nos regaló entradas para el partido, nos lo pasamos muy bien.
Después de visitar lo que nos quedaba de la ciudad proseguimos nuestro viaje hacia Dakota del Sur, donde pasamos alrededor de una hora de motel en motel preguntando los precios hasta encontrar uno más o menos acorde con nuestro presupuesto.
Al día siguiente visitamos en Corn Palace, el monumento principal de la zona, que es básicamente un auditorio local decorado íntegramente, tanto en su interior como en su exterior, con maíz. Resulta curioso, pero poco más. Eso sí, ante nuestra sorpresa nos regalaron un vale de 10 dólares para gastarnos en carne de ternera en cualquier bar, restaurante o mercado del país. Días más tarde, ese vale se trasformó como por arte de magia en dos deliciosos sandwiches de roast beef.
En el camino, paramos a descansar y tomar lo que hasta ahora ha sido el café más barato de nuestras vidas: 10 céntimos por una taza de café para cada uno y una jarra de café para rellenar la taza todas las veces que a uno le apatezca.
Después del Corn Palace nos dirigimos hacia el parque natural de Badlands, una maravilla indescriptible (imágenes más abajo) por la que sin duda merece la pena pagar los 15 dólares de la entrada y que nos encandiló a pesar de la alta densidad de población de serpientes de cascabel de la zona.
Esa noche acampamos en Wall (Dakota del Sur), al lado de una curiosa tienda con apariencia de ser del siglo XIX que se llevaba anunciando en la carretera desde hacía cientos de millas.
Al día siguiente vimos desde el otro lado de la valla el decepcionante Mount Rushmore (ya sabéis, la escultura del presidente de cuatro cabezas), puesto que nos negamos a participar en ese sacacuartos que han montado alrededor de este monumento nacional, que resulta ser mucho más pequeño y menos impactante de lo que uno se espera.
Después de esto iniciamos nuestro camino hacia en parque natural de Yellowstone, donde esperábamos encontrarnos con el oso Yogui y Bubu. En el camino nos encontramos con el pueblo de Buffalo (Wyoming), que estaba lleno de ikurriñas y carteles en euskera ante la inminente celebración de u festival vasco.
Horas más tarde, en medio de una carretera de montaña en la que nuestro Chuso se ahogaba mientras todo tipo de vehículos nos adelantaba, nos sorprendieron la noche y una tormenta de rayos bastante impactante y nos vimos envueltos en la que hasta ahora ha sido la mayor odisea del viaje para encontrar alojamiento. Para no aburriros con los detalles, sólo contaremos que después de varias horas hablando con recepcionistas de moteles y conduciendo por la carretera con mayor densidad de población de ciervos del mundo, una recepcionista nos salvó la vida ayudándonos a encontrar alojamiento en el “pueblo” de “al lado” (tres calles con casas y una gasolinera en algún lugar de Wyoming a 45 minutos de donde estábamos). Bueno, el caso es que un señor con un jardín que evidenciaba un severo Síndrome de Diógenes nos abrió la puerta en calzoncillos y nos cedió amablemente por el precio de un riñón y una crítica favorable en tripadvisor una habitación repleta de geles, toallas y café robado de otros moteles.
A la mañana siguiente partimos hacia Yellowstone con extremo cuidado para no atropellar ninguno de sus “ornamentos” de jardín.
De camino comprobamos que todo el país estaba en el mismo parque natural y que todos habían reservado camping, así que nos tocó acampar en Cody (la ciudad de Biffalo Bill), a una hora de la entrada del parque.
Por si alguno tiene en mente ir a Yellowstone, conviene tener en cuenta que hay que reservar en alguno de los campings que lo permite o estar a las seis de la mañana en uno de los que no admite reservas para esperar a que alguien levante el campamento y deje un sitio libre.
Nada más ver Yellowstone decidimos cambiar el plan, pasar de Vancouver e ir directamente a Seattle para poder pasar más tiempo disfrutando de mami naturaleza, así que los dos siguientes días los pasamos en Yellowstone disfrutando de los paisajes, los geisers, el cañón de Yellowstone, las cataratas y la fauna tan variada de cada uno de los cinco ecosistemas del parque: ciervos, alces, ardillas, marmotas, bisontes a tutiplén, cabras montesas y, aunque por fortuna no nos tocó lidiar con ellos, también osos negros y grizzlys (sí vimos sus huellas y demás marcas de su existencia y caminamos por territorio de osos negros aterrados ante su posible aparición).
El día 21 se nos ocurrió la nefasta idea de acampar en Ashton (Idaho), donde a las cuatro de la mañana las temperaturas inferiores a cero grados nos obligaron a mudarnos de la tienda de campaña al coche y encender la calefacción aun a riesgo de sufrir una muerte dulce. A las ocho de la mañana todavía teníamos el cuerpo congelado. Nos vimos obligados a redimirnos con un desayuno typical American en el restaurante del pueblo. Probablemente alguien debería mandar a los de los Record Guinness a darse una vuelta por el mencionado restaurante, porque estamos seguros de que no hay en el mundo tortita (en singular) más grande que la que nos metimos al cuerpo, debía de tener unos 20 centímetros de diámetro. Y no, esta vez no estamos exagerando.
Esa noche dormimos en St. Regis, Montana. ¿Alguna vez habéis visto un pueblo con el mismo número de tiendas que de casas? Pues si pasáis por Montana, tendréis la oportunidad.
Y por fin por fin por fin, ayer llegamos a Seattle para encontrarnos con lo que de momento es el mejor albergue de nuestras vidas, pero eso es otra historia.

(Woodville Motel, Wisconsin) 


(Estadio de los Minnesota Twins) 


(Viajeros ante el Mississippi en el Endless Bridge del Teatro Guthrie, Minneapolis) 



(Corn Palace, Mitchel, Dakota del Sur) 


(Ciudad de 1880 en el siglo XXI y Nuria imitando a un conejo. Sin comentarios) 


(Badlands National Park, Dakota del Sur) 


(Badlands National Park, Dakota del Sur) 


(Badlands National Park, Dakota del Sur) 


(Anuncios del Wall Drug) 


(Mount Rushmore) 


(Sindrome de Diogenes, Wyoming) 


(Yellowstone National Park) 


(Bisontes tomando el sol en Yellowstone National Park) 


(Upper Falls, Yellowstone National Park) 


(Upper Falls, Yellowstone National Park) 


(Lower Falls y Yellowstone Grand Canyon, Yellowstone National Park) 


(Aguas termales, Yellowstone National Park) 


(Aguas termales, Yellowstone National Park)

04 julio 2011

New York State y Boston

Buenos dias por la noche:
Muchos días han pasado desde la última entrada. Podríamos disculparnos, pero no vamos a hacerlo. En su lugar vamos a contaros en qué se nos ha ido el tiempo.
Esta será una entrada peculiar porque por primera vez no hablaremos de un único sitio sino que haremos un remix en el que hablaremos de casi una semana entera.
Primero NYC 2.0. Nos habíamos quedado contándoos que nos habíamos mudado a un albergue cutrecillo. Ahora que ha pasado el tiempo y podemos ver las cosas con perspectiva hemos decidido modificar nuestra opinión: no era cutrecillo sino... suupercutre. Podría entrar en el top five de albergues cutres en los que hemos estado siguiendo a Rotterdam y Praga, que dejaron el listón demasiado alto... o bajo, según cómo se mire.
¿Y por qué es tan cutre? Os preguntaréis, queridos aunque improbables lectores. Pues empezando porque tenía una cocina tamaño armario empotrado que, si ya era de por sí pequeña, se veía aún más reducida por la presencia de LOS HABITANTES, esos seres que poblaban el albergue y trabajaban en él a cambio de alojamiento en lugar de a cambio de un sueldo. Se comportaban como si estuvieran en su casa porque, de hecho, lo estaban, haciendo que nos sintiéramos como intrusos que no podían ocupar ninguno de los pocos sitios existentes y ya reservados.
Continuemos por los baños: ¿os resulta familiar la sensación de que si mientras te duchas rozas la pared o la cortina vas a salir con tres brazos?¿de que vas a salir de la ducha con más mugre de la que tenías al entrar? ¿de que el moho de las cortinas está tan desarrollado que te saluda al entrar? Pues estos baños eran de esos.
Nota a familiares y amigos: no se han producido mutaciones genéticas y no tenemos más deformidades de las habituales. Al menos no las teníamos hasta LA NOCHE EN EL CAMPING, pero eso viene después.
Para cerrar el círculo de alegrías en NYC buscamos en internet sitios para salir que no fuesen muy caros y encontramos uno que tenía barra libre durante una hora todos los viernes si nos apuntábamos mandado un mail con nuestro nombre esa misma tarde. Lo hicimos y por la noche nos arreglamos un poquito y cogimos el metro hacia allá. En lugar del bar había un edifico de apartamentos donde parecía que nunca había habido un bar. Nada más que añadir.
A cambio, para amortizar nuestros billetes de metro (en serio, ¿qué les pasa? ¿por qué cobran más de 2 $ por un billete?), encontramos una zona bastante guay llena de bares no caros con happy hour que duraba horas y horas (a veces incluso hasta las 2 de la madrugada): 2nd Avenue de St Mark's St hacia el sur. St Mark's St (entre 3rd y 2nd Av) estaba llena de sitios para salir y comer bastante barato y habá un bar irlandés, Dempsey's, en 2nd Avenue entre las calles 3 y 4, que estaba muy bien, así que allí nos tomamos unas cervezas, que si bien no eran de barra libre gratuita estaban bien de precio las acompañamos de conversación con Paul, el puerta irlandés del bar irlandés.
Hablando de recomendaciones, tenemos una más aunque no tiene mucho que ver con esto: el puestecito de comida de Sam's Falafel, justo al lado de Wall St. y la Trinity Church, en una plaza llena de puestos de comida, que tiene un falafel de muerte y nada caro. La prueba es que mientras todos los demás puestos estaban vacíos, este estaba lleno de neoyorquinos trajeados esperando para comer aquí.
En NYC hicimos un descubrimiento, y es que en el Subway (la tienda de bocatas que existe también en España) hay cada mes un bocata del mes por 5 $ con el que comen dos personas, porque es bastante grande, mientras que comer bocatas individuales cuesta bastante más y tienen el mismo tamaño.
Cambiando de tercio, mientras estábamos en NYC se legalizó en el estado de Nueva York el matrimonio homosexual, así que es el sexto estado que lo legaliza en el país.
Intentamos ir al desfile del orgullo, pero en NYC fue el finde posterior a que nos fuésemos y en Boston, nuestras siguiente parada, había sido el anterior a que llegásemos.
Hablemos de Boston, pues. Nos hemos llevado una grata sorpresa, aunque al llegar teníamos una sensación bastante agridulce.
Por un lado llovía bastante y las calles de Boston están mal hechas. Y no diferente, sino mal. Se llenan de charcos enseguida y circulando por ellas con maleta teníamos la sensación de estar intentando cruzar el río Charles. Sin embargo, nos vimos obligados en dos ocasiones a pedir indicaciones sobre cómo llegar al albergue y en ambos casos los bostonianos se pararon amablemente bajo la lluvia y no dudaron en sacar sus iphones y buscar en el mapa hasta que nos había quedado bien claro por dónde era.
El albergue (el de Hostelling International), relativamente céntrico, estaba bastante decente, con las únicas pegas de que la conexión a internet era inexistente y se negó a funcionar hasta el último día y de que nos separaron porque en teoría no había habitaciones mixtas y nos encontramos con que ambos estábamos en habitaciones mixtas separadas.
Boston es una ciudad que, a pesar de no tener ningún monumento de visita imprescindible, resulta la mar de agradable (además es andable, no es necesario coger el coche ni el transporte público para ir de un lado a otro).
Como curiosidad, tiene una ruta por los principales puntos de interés de la ciudad, el Freedom Trail, que no requiere un mapa, puesto que hay una doble línea de ladrillos rojos integrada en el suelo que te lleva, cual Dorothy con el camino de baldosas amarillas, de visita por la ciudad donde empezó la revolución americana.
Punto imprescindible: Quincy Market, un antiguo mercado (Parte del Freedom Trail) ahorea repleto de sitios en los que comprar comida de todos lados del mundo para comérsela en las mesitas instaladas en el segundo piso. Os precios sin aceptables y se puede encontrar desde langosta hasta pizza pasando por comida asiática, mexicana, etc. Además, siguiendo la callecita en la que el McDonald's de Quincy Market hace esquina se puede encontrar una decena de bares con precios más que aceptables para las pintas (entre 2 y 3 $).
Recomendación culinaria de Boston: los cannoli de Mike's Pastry. Esá en la calle principal del North End (que es como se llama aquí a Litte Italy) y podréis empezar a preguntaros por qué es tan famoso según lleguéis a la ciudad, puesto que empezaréis a ver a gente con cajas de Mike's Patry por todos lados y colas kilométricas que avanzan muy rápido cuando os acerquéis. Tienen cannoli de todo tipo (y cuando decimos todo queremos decir todo...excepto quizás de fabada y alguna cosilla más).
En Boston también nos dimos un paseíto por Harvard y la MIT, donde, por cierto, fuimos los más friquis del universo buscando el despacho de Noam Chomsky. No lo conseguimos pero en su lugar descubrimos el club de Quidditch de la MIT, que no solamente tiene trivial de Harry Potter con premios para la casa que más puntos tenga, sino que además tiene entrenamientos semanales de Quidditch. Cabe mencionar, para aquellos que lo desconozcan, que la MIT destaca por concentrar a los mayores genios en ciencias y tecnología de Estados Unidos y posiblmente del mundo (entre ellos el inventor de la sopa Campbell's). Insistimos, genios jugando al quidditch, lo cual requiere escobas voladoras y pelotas con vida propia.
En Harvard, quisimos estar a la altura del nivel intelectual, así que dedicamos un buen rato a jugar al chinchón en el césped mientras alucinábamos con las residencias, facultades y bibliotecas.
El día siguiente, 28 de junio, marcó un antes y un después en nuestro viaje: conocimos a Chuso y desde entonces somos inseparables. Chuso, abreviatura de Massachuso, es un Hyundai Accent blanquito y su nombre viene de su lugar de matriculación, Massachusetts. Es un poco presumido y asmático (se ahoga un poquito en las cuestas), pero es muy apropiado para este viaje ya que en la matrícula pone “The Spirit of America” y tiene un maletero descomunal en el que cabe todo sin problemas.
Salimos de Boston para dar una vueltecita por Salem, la ciudad de la caza de brujas, pero para cuando conseguimos aparcar ya nos había decepcionado tanto que decidimos seguir el camino hacia Galway, NY., donde nos esperaba la familia americana de Nuria (y decir familia no es exagerado, puesto que, como de costumbre, nos han tratado como si fuésemos realmente sus hijos).
Cambiando el plan inicial, que era dormir una noche allí e irnos a Nueva Inglaterra al día siguiente, decidimos quedarnos allí varios días disfrutando de la vida en familia en el campo y no podríamos estar más contentos con nuestro cambio de plan. Nunca van a ser suficientes las gracias que les demos por cómo nos han tratado y esperamos que vayan de visita a España pronto para tener a oportunidad de hacer lo propio.
Sugerencias culinarias: el restaurante Raindancer, el desayuno typical American preparado por Barb, los filetes y la white gravy de Rod, absolutamente TODO lo que alga del huerto de esa casa (menos la serpiente que nos persiguió) si hubiéramos estado mas días posiblemente todo lo qu nos hubieran preparado.
Aprovechamos para desearle buen viaje a Barb (que se muda a Colorado), para decirle a Joy que si quiere le mandamos la receta del salmorejo y para decirles a Becca y Rod que queremos fotos del caballo nuevo.
Los campings y el cruce de la frontera a Canadá, en la próxima entrada, amigos. Os dejamos para dar nuestra primera vuelta por la ciudad de Quebec.


(Miguel a punto de ser atropellado)

(Suculentas cupcakes en Quincy Market)


(Quincy Market desde fuera)


(Nuria con bigote)


(Vista de Boston desde la MIT, en Cambridge)


(Barb, Nuria y Becca en el Raindancer)


(Rod y Bailey)


(Becca delante del establo de su casa)


(Miguel, Nuria, Becca, Bailey, Rod y Yankee)